Respiraba profundo, más profundo de lo que nunca creí respirar.
En la primera inspiración vi una hoja, en la segunda un parque y en la tercera; un remolino.
Al finalizar, la respiración movió mi cuerpo y calló mi mente.
Sin embargo, las imágenes caían y caían por ese remolino.
Pero, en un momento, se detuvieron y vi una piscina congelada.
En el fondo de la piscina un montón de juguetes y muñecos.
Y ahí pienso ¿en una pileta congelada solo se puede estar en la superficie?
y, de pronto comprendí, no puedo profundizar si no derrito el hielo.
No se puede profundizar sin nadar, sin sumergirse.
Y no puedo derretir ese hielo, si primero no derrito el mío.
Comentarios