Y la gota comenzó a derramarse por su frente , tomando vida propia en recuerdos. Cada centímetro de su piel que recorría tenía un recuerdo que se sentía y se mostraba constantemente. Demasiados pensamientos arremetían ese momento, demasiadas situaciones resaltadas por un poco de sudor escurridizo. Como puede esta tomar conciencia en si dentro de otra conciencia? acaso la piel tiene memoria? y si es así ; como la gota la despertó? y todo el placer que descubrian esos recuerdos como lograr disfrutarlos si sabia que se iban a consumir. Si al final todo lo que tiene un principio se desvanece en un cuerpo frágil como el humano. Tantas preguntas, tantos momentos, tantos placeres lo invadían , lo forzaban a rearmarse impacientemente. Pensar que algo tan simple podría traer tantas preguntas dos elementos combinados son la base de la vida y el estaba descubriendo que también eran la base de la memoria. Muy poco tiempo tenia para tratar de manejar su cuerpo hacia su abdomen donde ella dormía plácidamente hace ya tanto tiempo. Un solo instante iba a durar el recorrido de la gota pero el quería que sea eterno. No se fijo en su madre besándole la frente, ni como su cuello casi se revienta por aquella enfermedad, ni como su pecho remontaba el primer latido de amor, ni como su plexo se perdía en su primera relación, y ya estaba ahí...ya estaba casi en su abdomen pero el hilo que iba dejando provocaba un sin fin de encontronazos, un sin fin de sensaciones y el luchaba por separarlas de la que esperaba con ansia..la de su abdomen la que recordara el pelo de su amada...y así fue como la gota en un respiro se detuvo en el plexo...así fue como se esfumo y solo dejo el camino hacia lo que el quería...Así comprendió que no es el recuerdo en sí lo que vale, sino el recorrido para llegar al mismo. No es lo vivido lo que nos hace gotas eternas, sino el recorrido que hace la misma...y así sonrió miró al sol...y una nueva gota apareció en su frente...
Nací intermitente Hoy desperté con ese sonido. Busqué el significado Es aquello que está entre un envío y otro. No es fin. Es pausa. Pausa para continuar. Para reformular. La vista es intermitente. Pestañeamos. No sabemos que veremos luego. Pero elegimos el foco. En una milésima de segundo, esa intermitencia nos permite elegir: miramos lo mismo, miramos algo nuevo o no miramos. En consecuencia, la respiración se vuelve intermitente. Lo que vemos inquieta. El pulso sube. La mente se mueve entre cada envío, entre cada espacio, y se absorbe en el continuo.
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